Siempre creí en la vida. Y en el amor…
Siempre creí que si luchas por algo, se acaba consiguiendo, que la felicidad llega si lo mereces y que las victorias son fruto del trabajo y el esfuerzo.
Me equivoqué

La tarde luchaba contra la mañana, el sol reflejado en sus cabellos dorados daba luz a sus ojos vivos y tiernos y encendía sus mejillas con el rubor de las amapolas.
Sentada en el jardín, jugaba a soñar, que era princesa y que las brujas que por la noche habían volado con sus mágicas escobas por el cielo, se habían ocultado con el sol para dejar paso a lo bonito del día.
Soñaba con príncipes y princesas, con brujas y hechizos, con duendes y hadas…
Es bonita la infancia, época en la que todo parece bonito, en la que la magia es real, y los sueños son la verdad, todo se alcanza con estirar la mano y una calabaza se convierte en carroza.
Es aquí cuando se empieza a creer, cuando empiezas a vivir de tus sueños , cuando la magia y lo irreal cobran fuerza y ocupan un hueco de tu alma que siempre permanecerá ahí…si la vida no consigue robártelo

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