Hoy ha amanecido un dia soleado, y caluroso también, todo sea dicho de paso...
Es curioso el tiempo y como de un dia para otro pasas de usar sueter a ir en tirantes con un sofoco que te hace pensar que de pronto, y por arte de magia estas situada en unas playas caribeñas, sólo que sin coco-cocktail en la mano y sin pamela ni piscina...
Así pues, se hace bastante menos llevadero trabajar, porque claro! a nadie se le courriría sacar su maletín y sus gafas y ponerse a hacer números en plena playa caribeña, entre mojito y mojito, mientras tus pies se bañan en el agua salada... Imposible, aunque en estas condiciones todos trabajaríamos mejor y probablemente seriamos más productivos...
Pero voliendo al mundo real, ni mojito, ni agua salada, ni sombrilla ni bikini, sino un calor de espanto, ropa lo más fresca posible, trabajar como uno puede y una casa que es un horno de los de antaño, de esos de fuego que parecían el infierno, sí, sí, de esos.
y es que, así es mi preciosa casita, un horno en verano, un iglú en invierno.
Cuando fuí buscando piso para alquilar, obviamente la compra es algo totalmente fuera de mis posibilidades que quedó hace mucho junto con la playa caribeña en un mundo paralelo, oía mucho eso de orientación sur, oeste o lo que fuese, y a mi, todo eso, pobre ignorante insensata, me sonaba a chino.
Pues ahora lo entiendo todo, esa "orientación" de la que hablaban y a la que yo hacía oídos sordos es la causante de vivir en Finlandia y en el desierto, no hay más, solo dos estaciones vivo yo en mi dulce y pequeño, aunque acogedor también, sea dicho de paso, hogar: el invierno más helado del mundo y el verano más sofocante de la historia.
Cuando la gente en invierno sale de su casa, se acerca al perchero y coge el abrigo.
Yo me quito la manta, el segundo abrigo y la bufanda ( no llevo orejeras porque no tengo y me parece extremo comprarme orejeras para ir por casa) y salgo a la calle.
En verano, ocurre lo contrario, al llegar a casa es cuando empiezo a sudar y a quitarme ropa, deseándo tener que bajar a comprar algo para que me dé la brisita de la calle...
Y así es, en mi hogar, dulce hogar.
Insistí a mi pareja para que al llegar al piso, antes de conocer y entender la "orientación" de éste y la importancia que conlleva, compraramos una tv grande, de esas que parece que tengas el cine en casa, y tras muchos cálculos, cambios y devoluciones ( yo soy un desastre y mi pareja es la persona más organizada del mundo mundial y hasta que no tuvimos en nuestro salón una tv que no pareciera q había sido tocada por alguien, no paró. Eso supuso cuatro cambios de televisión,es decir, que nuestro hobby ese mes fue ir de un lado a otro con una tv de 42 pulgadas a cuestas, en 42 pulgadas se quedo nuestro presupuesto)
Los argumentos que utilicé para conseguir la tv fué la de películas que íbamos a poder disfrutar en mi saloncito.
Hasta que llegó el invierno, no el invierno de mi ciudad, sino el crudo y polar invierno de "mi casa".
Dios mio! imposible aguantar una pelicula entera en el sofa cuadrado, sofa-cama de esos que no los compran mas que las caseras y frío helado que se colaba por la preciosa terracita.
Y así fué cuando decidí que mejor estar en la camita, bajo el grueso edredón de plumas que hacía que de nuevo creyera que vivía en la ciudad en la que lo hacía y que al mirar por la ventana no viera bloques de hielo y pingüinos, que dicho sea de paso, me encantan, pero no en mi salón.
Así es, debí invertir más en libros para la cama que en tv para el salón...
En verano, el horror comienza al abrir la puerta de mi casa, cuando al poner un pie dentro una ola de calor te abofetea dándote la bienvenida. Ya no hay aire, ni frescor que valga, estas en el desierto.
Muchas han sido las soluciones buscadas para sobrellevar este calor, sin tener que gastar mi sueldo íntegro en pagar aire acondicionado...
Obviamente, lo primero es reducir tu vestuario al mínimo y recogerte el pelo.
A continuación, conseguí hacerme con un ventilador de esos cuadrados y bajitos que parecían del siglo pasado. Aire daba, no os lo voy a negar, pero claro, a la altura de los pies, mientras mi cara roja humeaba. Así que lo puse sobre una banqueta, y con ello conseguí refrescar mi cara, pero pasé entonces a vivir bajo las vías del tren, puesto que el continuo movimiento de mi querido amigo "el ventilador" encima de la banqueta, simulaba bastante el ruido que hace el tren al pasar sobre éstas, constante y absolutamente nada silencioso.
Como podréis comprender esto al cabo de un rato, dejas de oirlo, pero sin saber porqué, sientes que la cabeza te va a explotar.
Una de las últimas soluciones a mi problema, ya algo desesperada y dispuesta a dejarme el jornal todos los meses en mantener encendido el aire acondicionado, fueron los congelados.
Con esto no me refiero a refrescarme la cara con un paquete de guisantes congelados, que dado mi historial, podría ser... si no ha ingerir todo tipo de bebidas refrescantes con hielo o a helar yogures, batidos y todo lo que pudiera para tomarmelo a modo de polo y refrescarme.
La verdad es que aquí ya no sólo entra el calor, si no también mi vena golosa, pero... cualquier excusa es buena!!
De toda esta experiencia saqué dos conclusiones, bueno, tres:
1ª - La "orientación" de la casa es algo "sumamente" importante
2º - Si congelais en el molde para hielos cubitos de yoghurt, petit suis, zumos, batidos, o lo que querais, quedan a modo de hielos de sabores super graciosos y refrescantes!!!
Los de yoghurt son mis preferidos, y se pueden tomar a modo de caramelo resfrescante y saludable.
Los de zumo o batido, no sé vosotr@s, pero yo, en verano, odio hacerme un batido o un zumo natural y tener que esperar a que se enfríe en la nevera, o aguarlo con los hielos... pues si tenéis preparados los hielos de zumo o batido del que soléis haceros, ya tenéis la forma de enfriarlo al instante sin aguarlo!!!!
3º y última... ¡¡¡¡Qué bien se vive en casa de los papis!!!
Es curioso el tiempo y como de un dia para otro pasas de usar sueter a ir en tirantes con un sofoco que te hace pensar que de pronto, y por arte de magia estas situada en unas playas caribeñas, sólo que sin coco-cocktail en la mano y sin pamela ni piscina...
Así pues, se hace bastante menos llevadero trabajar, porque claro! a nadie se le courriría sacar su maletín y sus gafas y ponerse a hacer números en plena playa caribeña, entre mojito y mojito, mientras tus pies se bañan en el agua salada... Imposible, aunque en estas condiciones todos trabajaríamos mejor y probablemente seriamos más productivos...
Pero voliendo al mundo real, ni mojito, ni agua salada, ni sombrilla ni bikini, sino un calor de espanto, ropa lo más fresca posible, trabajar como uno puede y una casa que es un horno de los de antaño, de esos de fuego que parecían el infierno, sí, sí, de esos.
y es que, así es mi preciosa casita, un horno en verano, un iglú en invierno.
Cuando fuí buscando piso para alquilar, obviamente la compra es algo totalmente fuera de mis posibilidades que quedó hace mucho junto con la playa caribeña en un mundo paralelo, oía mucho eso de orientación sur, oeste o lo que fuese, y a mi, todo eso, pobre ignorante insensata, me sonaba a chino.
Pues ahora lo entiendo todo, esa "orientación" de la que hablaban y a la que yo hacía oídos sordos es la causante de vivir en Finlandia y en el desierto, no hay más, solo dos estaciones vivo yo en mi dulce y pequeño, aunque acogedor también, sea dicho de paso, hogar: el invierno más helado del mundo y el verano más sofocante de la historia.
Cuando la gente en invierno sale de su casa, se acerca al perchero y coge el abrigo.
Yo me quito la manta, el segundo abrigo y la bufanda ( no llevo orejeras porque no tengo y me parece extremo comprarme orejeras para ir por casa) y salgo a la calle.
En verano, ocurre lo contrario, al llegar a casa es cuando empiezo a sudar y a quitarme ropa, deseándo tener que bajar a comprar algo para que me dé la brisita de la calle...
Y así es, en mi hogar, dulce hogar.
Insistí a mi pareja para que al llegar al piso, antes de conocer y entender la "orientación" de éste y la importancia que conlleva, compraramos una tv grande, de esas que parece que tengas el cine en casa, y tras muchos cálculos, cambios y devoluciones ( yo soy un desastre y mi pareja es la persona más organizada del mundo mundial y hasta que no tuvimos en nuestro salón una tv que no pareciera q había sido tocada por alguien, no paró. Eso supuso cuatro cambios de televisión,es decir, que nuestro hobby ese mes fue ir de un lado a otro con una tv de 42 pulgadas a cuestas, en 42 pulgadas se quedo nuestro presupuesto)
Los argumentos que utilicé para conseguir la tv fué la de películas que íbamos a poder disfrutar en mi saloncito.
Hasta que llegó el invierno, no el invierno de mi ciudad, sino el crudo y polar invierno de "mi casa".
Dios mio! imposible aguantar una pelicula entera en el sofa cuadrado, sofa-cama de esos que no los compran mas que las caseras y frío helado que se colaba por la preciosa terracita.
Y así fué cuando decidí que mejor estar en la camita, bajo el grueso edredón de plumas que hacía que de nuevo creyera que vivía en la ciudad en la que lo hacía y que al mirar por la ventana no viera bloques de hielo y pingüinos, que dicho sea de paso, me encantan, pero no en mi salón.
Así es, debí invertir más en libros para la cama que en tv para el salón...
En verano, el horror comienza al abrir la puerta de mi casa, cuando al poner un pie dentro una ola de calor te abofetea dándote la bienvenida. Ya no hay aire, ni frescor que valga, estas en el desierto.
Muchas han sido las soluciones buscadas para sobrellevar este calor, sin tener que gastar mi sueldo íntegro en pagar aire acondicionado...
Obviamente, lo primero es reducir tu vestuario al mínimo y recogerte el pelo.
A continuación, conseguí hacerme con un ventilador de esos cuadrados y bajitos que parecían del siglo pasado. Aire daba, no os lo voy a negar, pero claro, a la altura de los pies, mientras mi cara roja humeaba. Así que lo puse sobre una banqueta, y con ello conseguí refrescar mi cara, pero pasé entonces a vivir bajo las vías del tren, puesto que el continuo movimiento de mi querido amigo "el ventilador" encima de la banqueta, simulaba bastante el ruido que hace el tren al pasar sobre éstas, constante y absolutamente nada silencioso.
Como podréis comprender esto al cabo de un rato, dejas de oirlo, pero sin saber porqué, sientes que la cabeza te va a explotar.
Una de las últimas soluciones a mi problema, ya algo desesperada y dispuesta a dejarme el jornal todos los meses en mantener encendido el aire acondicionado, fueron los congelados.
Con esto no me refiero a refrescarme la cara con un paquete de guisantes congelados, que dado mi historial, podría ser... si no ha ingerir todo tipo de bebidas refrescantes con hielo o a helar yogures, batidos y todo lo que pudiera para tomarmelo a modo de polo y refrescarme.
La verdad es que aquí ya no sólo entra el calor, si no también mi vena golosa, pero... cualquier excusa es buena!!
De toda esta experiencia saqué dos conclusiones, bueno, tres:
1ª - La "orientación" de la casa es algo "sumamente" importante
2º - Si congelais en el molde para hielos cubitos de yoghurt, petit suis, zumos, batidos, o lo que querais, quedan a modo de hielos de sabores super graciosos y refrescantes!!!
Los de yoghurt son mis preferidos, y se pueden tomar a modo de caramelo resfrescante y saludable.
Los de zumo o batido, no sé vosotr@s, pero yo, en verano, odio hacerme un batido o un zumo natural y tener que esperar a que se enfríe en la nevera, o aguarlo con los hielos... pues si tenéis preparados los hielos de zumo o batido del que soléis haceros, ya tenéis la forma de enfriarlo al instante sin aguarlo!!!!
3º y última... ¡¡¡¡Qué bien se vive en casa de los papis!!!
Comentarios
Publicar un comentario