ODISEA EN EL AEROPUERTO II PARTE

Como os dije...la historia del aeropuerto tenía continuación.
Sé que hace días que no escribo, pero no me olvido de mis lectores, solo que en mi apretada agenda últimamente no hay tiempo para mucho, y por desgracia, suele ocurrir en la vida que lo que más nos gusta, es lo primero que debemos dejar de lado un poquito por ser lo menos importante...
Pero como aunque no me de pan, esto me da vida, que a fin de cuentas, es el objetivo final del pan...Nunca dejaré de escribir :)
Así que... aquí me tenéis de nuevo, dispuesta a seguir con mi odisea en el aeropuerto.
Como ya leísteis, la primera parte fue dura, he de decir que fue bastante más dura que esta segunda que voy a escribir ahora. Pero, cierto es también, que sin la anterior, ésta parecería mucho peor de la tontería que parece tras haberte quedado en tierra con los billetes en la mano y cara de tonta y tras las ojeras, merecidas, tras una media-noche en vela y el largo y costoso camino de la reparación de mi tremendo "error", sigo opinando que no fue fallo personal, si no cosa del "nubarrón" pero lo dejaré ahí.

Pues bien, llegamos al aeropuerto y tras hacer de nuevo la cola, embarcar y saludar a todo el mundo, ya que como comenté anteriormente, tras la anécdota había pasado a ser conocida en el aeropuerto, llegó el momento de hacer cola para subir al deseado y quizá ya un poco "asqueroso" avión.
 Sé que es contradictorio, pero es que realmente era así, lo odiaba a la par que tenía unas ganas horribles de estar sentada en mi asiento en las alturas, cosa curiosa en mí puesto que tengo pánico a volar.
Lo veía imposible, algo me decía que mi destino no era viajar ese fin de semana.
Pasamos la barrera sin que me detectaran un cuchillo enorme bajo los dientes o un kilo de explosivo aparecido de repente en mi maleta, cosa que a estas alturas ya no me hubiera extrañado.
Y cuando estaba recogiendo las joyas de la corona de la bandejita (un anillo de 2 e y un collar de metal y cuero de 10e)ya habíamos cruzado la barrera sin altercados y estábamos más próximos a nuestro objetivo : llegar a Londres,  al santo varón se le ocurrió pensar si el número de mi pasaporte sería el mismo que el anterior, cosa que para mí era obvia puesto que lo había renovado... Pues bien, NO.
No!! así que el número que salía en mi "supuesto" billete de vuelta, y digo "supuesto" porque al comprar el nuevo descubrimos estupefactos que no aparecían los de vuelta, previos a la catástrofe, como registrados. Así que quizá, los habíamos perdido al perder el avión de ida...
  Ese número, no era el que aparecía en mi nuevo, recién nacido y resplandeciente pasaporte, y, por supuesto, el DNI no figuraba.
Así que mi "supuesto" billete de vuelta, estaba a mi nombre con la única identificación de un número de pasaporte que no coincidía con el mío.
Pánico, sudor y de nuevo, churrascos sobre mi cabeza.
Pregunte al guardia civil que estaba al lado de las bandejitas, dispuesto a destripar maletas, y  tras comentarle mi aventura del día anterior y la mala pinta de la situación actual, amablemente me dijo que mejor subiera a ver al jefe de policía nacional que estaba arriba.
Vuelta a salir a 20 minutos de despegar el avión.
Tras que el señor policía no pudiera asegurarme que no fuera a tener ningún problema, me harté.
Agarré al santo varón del brazo y le dije: Se acabó, nos vamos a Londres, a la vuelta, Dios dirá, pero hoy NOS VAMOS.
Totalmente de acuerdo y más harto si cabe que yo el santo varón afirmó y allá que nos fuimos.
He de decir que al subir, mi querido amigo de la puerta que hoy me amaba y era más pelota que nadie, supongo que por el sentimiento de culpabilidad de haberme dejado desamparada y con un novio furioso en tierra el día anterior, nos aseguró que los billetes de vuelta seguían activos.
Así, contra todo pronóstico, llegamos a Londres, y disfrutamos de un viaje tan maravilloso como catastrófica había sido la llegada.
Valió la pena.
Y con pena y muy pocas ganas llegó de nuevo la hora de volver, y con ello, la hora de nuestro lugar "preferido y de relax", el aeropuerto.
Ibamos con la incertidumbre de si nos pondrían pegas o si, al ser salida del país, realmente no verían la necesidad de ocasionarnos otro trauma.
Esperando frente a las pantallas de embarque, el santo varón tuvo la genial idea de sacar el DNI para comprobar que lo llevaba, el pobre, desde el día de " la catástrofe" adquirió una especie de manía compulsiva que consistía en mirar 200 veces si lo llevaba todo y si todo estaba en regla.
Lo entiendo, pobre, pero aun no parecía darse cuenta de que daba igual lo organizado y estudiado que lo tuviera todo, el peligro lo tenía al lado, conmigo y mi "nubarrón negro" merodeando sobre mi cabeza.
Así pues, como decía, sacó el dni de la cartera por 4000000000000000005 mil vez y ante su sorpresa, y la mía, el chip salió volando sobre nuestras cabezas absortas y con la boca tan abierta que hubiera cabido una cabina telefónica de esas londinenses, preciosas pero que huelen a orín, y dió a parar a nuestros pies.
No pude evitarlo, me salió del alma, me giré y ante su cara descompuesta y estupefacta le pregunté:
- ¿ Llevas el pasaporte?
- NO
- Pues ya sabes como me sentí yo. ¿A que no es tu culpa?
Fatal, bruja total con verruga y todo lo sé, pero no pude evitarlo, las palabras salieron dulcemente de mi boca que dibujaba un amago de sonrisilla pícara, y un peso de 20 kilos de culpa que tenía anclados en el alma, se esfumaron, por arte de magia.
Se quedó blanco, quieto, sudando con el dni agarrado por el chip sin moverse. Y de pronto, me dí cuenta! eramos una pareja con identificación manipulada ambos, todas las papeletas para que nos pusieran problemas.
Así que le miré y me dí cuenta de lo sospechoso que parecía y de las cámaras que nos vigilaban buscando terroristas.
Disimula por dios! le dije susurrando... Si te ven así de nervioso, van a pensar que llevas drogas y bombas o algo y encima los dos tenemos mal la identificación.Tienes que calmarte y disimular.
El santo varón me miró y dijo : Tengo ganas de vomitar
Y afirmó con la cabeza como si lo que yo acababa de decir fuera la cosa más obvia y real del universo.
Ya no estábamos en el aeropuerto de Londres, sino en una película de mafiosos, donde ambos llevábamos algo sumamente peligroso e ilegal y teníamos que guardar las apariencias.
Mis ojos buscaban las cámaras sonriendo disimuladamente a la par que el santo varón, que mantenía agarrado el dni por el chip sin mover la mano y totalmente horizontal a su cuerpo ( el dni ) , ahí me dí cuenta de que no sabe disimular muy bien y que jamás podría hacer nada fuera de la total rectitud moral y la legalidad, cosa que me enamoró más aún, pero que en ese momento me sacaba de quicio, pues podría delatarnos y llevarnos directos a la cárcel por mafiosos.
En la cola, los sudores aumentaron, puesto que nos tocó detrás a los mismos que el día de la catástrofe que me empezaron a avasallar con preguntas tras reconocerme como "la del pasaporte" y empezaron a bromear con la idea de que ahora nos quedáramos en tierra por culpa del santo varón.
Yo sonreía y soltaba alguna risita mientras las miradas del "santo varón blanco y sudoroso- mafioso mayor" delataban que la realidad no estaba tan lejos de lo que ellos creían.
Llegó nuestro turno, dí mi pasaporte, ningún problema.
Dió su dni, y saltó el chip por los aires.
Cosa extraña, quizá debido a que no era mi dni, ni era yo la que miraba a aquella azafata con ojos de cordero degollado si no él, o quizá debido también a que él no cuenta con el "nubarrón", nada ocurrió.
La azafata sonrió, el santo varón sonrió a lo Paul Newman y pasamos a nuestros asientos.
- Si hubiera sido yo...
Vuelta a casa tras un viaje " original" y nada convencional.



Comentarios

  1. belen eres tronchante,no dejes de escribir por favor.papa hacia tiempo q no se reia tanto

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