De pronto un dia, tu mente se para y piensa...
No es muy bueno, a veces, pensar, y sobre todo, pensar en las relaciones, pues te puedes encontar con preguntas del tipo:
¿Por qué tras años de relación jamás hemos ido al chino cuando me vuelve loca sólo por que a él no le gusta y en cambio me acaba incluso gustando la carne cruda cuando siempre la había aborrecido, solo por que a él le encanta?
Somos tontas, lo siento, pero no hay otra explicación.
 Las de mi especie lo sabeis, lo somos, es así, y cuanto antes lo asumamos mejor.
¿Por qué tras años de relación, ellos engordan y nosotras adelgazamos? ¿ Se alimentarán de nuestra grasa por las noches mientras dormimos cuando no podemos verlos?
Me pregunto también por qué siempre compramos su tarrina de helado preferida hasta llegar al punto de olvidar cual era el sabor que nosotras siempre elegíamos...
¿Lo llevamos en los genes?
¿Qué es lo que está pasando?
¿En qué momento deja de importar lo que nosotras queremos y deseamos para centrarnos en lo que prefieren ellos?
¿Dónde está el principe azul que luchaba contra el dragón más terrorífico, enorme y peligroso aun a riesgo de que le arrancara la cabeza unicamente para salvar a su amada?
Creo que hoy en dia es la princesa la que se pone la armadura y sale a luchar contra el dragón para poder salir de la torre y llegar a tiempo a casa para hacerle la cena al príncipe que le espera sentado en el sofá viendo la tele...
Y luego dirán que las cosas han cambiado...
Yo igual soy un poco estúpida, pero creo que prefiero esperar en mi torre calentita a que llegue el principe valiente a salvarme y no tener que enfrentarme sola a ese apestoso dragón de 3 cabezas.
Claro que hoy en dia con ese pensamiento, puedes quedarte en la torre hasta que estés tan arrugada que ni el dragón quiera comerte...
Es arriesgado, es arriesgado...
Quizá, ha llegado el momento de comprarse una armadura y empezar a plantearse que los principes estan durmiendo la siesta, o que tienen algo mejor que hacer que venir a rescatarnos.
Rapunzel, por lo menos, tenía el pelo mágico, pero yo... ¿ Qué tengo? Ni pelo mágico, ni reino que reinar, ni hadas que me hagan volar, ni enanitos que me ayuden...
Menuda farsa Disney, como nos engañó a todas...
Así pues, amigas, me voy a buscar un escudo que el dragón me espera...

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