Todas las personas tenemos nuestras virtudes y nuestros defectos...
Mi mayor virtud y mi mayor defecto coinciden... creo en los cuentos, vamos, que soy idiota... pero idiota integral.
Es bonito creer en los cuentos cuando tienes diez años y viene tu padre o tu madre a darte las buenas noches con uno maravilloso de hadas y enanitos o gnomos... Pero cuando tienes treinta y los cuentos te los cuenta un tipejo, entonces no tiene ninguna gracia creértelos!!!
Pero ninguna ninguna gracia...
Yo creo que cuando tenga hijos, si es que algún día los tengo... porque tal y como están las cosas y sabiendo que probablemente los pobres desgraciados saldrán a mi, mejor no sentirme culpable habiéndoles traido a ver semejante desastre de mundo... mejor me espero a ver si se arreglan un poquito las cosas...
Pero si los tengo... no les contaré cuentos, no vaya a ser que luego acaben como yo... creyéndoselo todo!
Hay que prevenir...
Aunque la verdad es que de poco sirve, cuando eres así, prevenir.
Igual que los avisos...no los oyes.
Cuando era pequeña, ésta es una historia que mi madre suele recordarme (la pobre se ha pasado la vida avisándome para nada) salimos la familia de camping y yo no hacia más que acercarme al fogón de camping gas (lo llamo así porque realmente no se cómo se llama, pero seguro que os imaginais a qué me refiero) y ella no hacía más que apartarme y decirme : no no... eso pupa!!
Hasta que no puse toda la mano abierta encima y sentí de verdad la "pupa" de la que mi madre me hablaba, no paré...y luego claro, los llantos...
Pues así siempre, o me quemo y siento la ampolla en mi mano o no paro, con preaviso, sin él, con cuento o sin cuento, hasta que no toco el fuego...nada.
Lo que decía... soy idiota
Y es que el quemarte y creerte los cuentos suele ir bastante ligado, obvio, pero también es verdad, que los cuentos han cambiado...
Ya no sólo porque no sean tus padres los que te los cuenten, y porque el objetivo final no sea que te duermas y que dejes de dar la tabarra... bueno, lo de dar la tabarra igual también puede ser un objetivo... no lo sé, porque yo lo que es contarlos, poco... soy más de escucharlos y creerlos...
Como decía, los cuentos han cambiado,en los de pequeña tenías que besar a una rana para que se convirtiera en príncipe, cosa bastante asquerosa la verdad... Esto en su momento ya podía habernos hecho pensar que lo de los príncipes no era todo tan bonito y que si lo primero que hay que hacer para encontrarlo es besar varias ranas hasta dar con la adecuada... igual acababas con los morros como Carmen de Mairena cuando conocieras al príncipe... aunque claro, teniendo en cuenta, que antes era rana, tampoco creo que pusiera muchas pegas el pobre desgraciado...o más le valdría...
Eso es bastante desagradable, lo de besar a una rana, pero bueno, por lo menos, luego, se convertía en príncipe y vamos, como que te olvidabas de la rana en un periquete!
El problema viene como decía antes, luego, cuando a los 30 el cuento con el que te encuentras, dista un tanto bastante de ese...
Ahora, besas a un príncipe, ¡claro! es maravilloso ir por tu camino y de pronto encontrarte al príncipe que te cuenta esos cuentos tan estupendos y que te besa sin más ¡¡¡¡sin rana señores!!!! no hemos tenido que besar a una maldita rana para encontrarlo!!!! Pero...
JA! y aquí viene lo de ojos como platos... sí, sí... ojos como platos! así nos quedamos cuando al besarlo, el príncipe de cuento se convierte en un sapo asqueroso! ¡¡al revés que en el cuento el muy traicionero!!
Claro, la decepción es considerable... que nos lo tenemos merecido, por creer que todo es tan fácil, y que sin más, vas a besar al príncipe tal cual, cuando durante siglos, las pobres princesas, han tenido que besar a ranas, comerse manzanas envenenadas,quedarse sin pelo, dormir media vida... Aaaaay!! y nosotras creíamos que iba a llegar así,sin más!
Aunque he de decir que casi prefiero besar a la rana a ver qué pasa, a besar al príncipe y llevarme el gran chafón de verle convertirse en sapo, la verdad...
Así que... llevemos cuidado... los sapos han aprendido mucho y casi todos ya tienen su disfraz de príncipe esperando en el armario para robarle el beso a alguna princesa que pese a todo y contra todo pronóstico... siga creyendo en los cuentos!!!
Mi mayor virtud y mi mayor defecto coinciden... creo en los cuentos, vamos, que soy idiota... pero idiota integral.
Es bonito creer en los cuentos cuando tienes diez años y viene tu padre o tu madre a darte las buenas noches con uno maravilloso de hadas y enanitos o gnomos... Pero cuando tienes treinta y los cuentos te los cuenta un tipejo, entonces no tiene ninguna gracia creértelos!!!
Pero ninguna ninguna gracia...
Yo creo que cuando tenga hijos, si es que algún día los tengo... porque tal y como están las cosas y sabiendo que probablemente los pobres desgraciados saldrán a mi, mejor no sentirme culpable habiéndoles traido a ver semejante desastre de mundo... mejor me espero a ver si se arreglan un poquito las cosas...
Pero si los tengo... no les contaré cuentos, no vaya a ser que luego acaben como yo... creyéndoselo todo!
Hay que prevenir...
Aunque la verdad es que de poco sirve, cuando eres así, prevenir.
Igual que los avisos...no los oyes.
Cuando era pequeña, ésta es una historia que mi madre suele recordarme (la pobre se ha pasado la vida avisándome para nada) salimos la familia de camping y yo no hacia más que acercarme al fogón de camping gas (lo llamo así porque realmente no se cómo se llama, pero seguro que os imaginais a qué me refiero) y ella no hacía más que apartarme y decirme : no no... eso pupa!!
Hasta que no puse toda la mano abierta encima y sentí de verdad la "pupa" de la que mi madre me hablaba, no paré...y luego claro, los llantos...
Pues así siempre, o me quemo y siento la ampolla en mi mano o no paro, con preaviso, sin él, con cuento o sin cuento, hasta que no toco el fuego...nada.
Lo que decía... soy idiota
Y es que el quemarte y creerte los cuentos suele ir bastante ligado, obvio, pero también es verdad, que los cuentos han cambiado...
Ya no sólo porque no sean tus padres los que te los cuenten, y porque el objetivo final no sea que te duermas y que dejes de dar la tabarra... bueno, lo de dar la tabarra igual también puede ser un objetivo... no lo sé, porque yo lo que es contarlos, poco... soy más de escucharlos y creerlos...
Como decía, los cuentos han cambiado,en los de pequeña tenías que besar a una rana para que se convirtiera en príncipe, cosa bastante asquerosa la verdad... Esto en su momento ya podía habernos hecho pensar que lo de los príncipes no era todo tan bonito y que si lo primero que hay que hacer para encontrarlo es besar varias ranas hasta dar con la adecuada... igual acababas con los morros como Carmen de Mairena cuando conocieras al príncipe... aunque claro, teniendo en cuenta, que antes era rana, tampoco creo que pusiera muchas pegas el pobre desgraciado...o más le valdría...
Eso es bastante desagradable, lo de besar a una rana, pero bueno, por lo menos, luego, se convertía en príncipe y vamos, como que te olvidabas de la rana en un periquete!
El problema viene como decía antes, luego, cuando a los 30 el cuento con el que te encuentras, dista un tanto bastante de ese...
Ahora, besas a un príncipe, ¡claro! es maravilloso ir por tu camino y de pronto encontrarte al príncipe que te cuenta esos cuentos tan estupendos y que te besa sin más ¡¡¡¡sin rana señores!!!! no hemos tenido que besar a una maldita rana para encontrarlo!!!! Pero...
JA! y aquí viene lo de ojos como platos... sí, sí... ojos como platos! así nos quedamos cuando al besarlo, el príncipe de cuento se convierte en un sapo asqueroso! ¡¡al revés que en el cuento el muy traicionero!!
Claro, la decepción es considerable... que nos lo tenemos merecido, por creer que todo es tan fácil, y que sin más, vas a besar al príncipe tal cual, cuando durante siglos, las pobres princesas, han tenido que besar a ranas, comerse manzanas envenenadas,quedarse sin pelo, dormir media vida... Aaaaay!! y nosotras creíamos que iba a llegar así,sin más!
Aunque he de decir que casi prefiero besar a la rana a ver qué pasa, a besar al príncipe y llevarme el gran chafón de verle convertirse en sapo, la verdad...
Así que... llevemos cuidado... los sapos han aprendido mucho y casi todos ya tienen su disfraz de príncipe esperando en el armario para robarle el beso a alguna princesa que pese a todo y contra todo pronóstico... siga creyendo en los cuentos!!!
Comentarios
Publicar un comentario