Hay veces en la vida en las que uno puede encontrarse perdido... o ni siquiera encontrarse...
Te das cuenta de que hace tiempo perdiste tu camino y ya no sabes dónde está...
Empiezas proyectos que quedan en nada, ilusiones que quedan en eso, en meras ilusiones...
Y te preguntas en qué punto de tu vida perdiste los prismáticos a través de los que veías un futuro claro con tanta facilidad...
De pronto, te ves con 31 años en el país de las NO OPORTUNIDADES, sin saber hacia dónde tirar mientras la vida pasa por tu lado rápido, sin que puedas ni siquiera ver que los años pasan y que el tiempo se agota.
Lo tenías claro... sabías cual era tu meta profesional, estudiaste esa carrera... no tuviste en cuenta que la vida muchas veces no se puede elegir a los dieciocho años... que todo es más complicado, aunque también más dulce y que quizá esa sea la chispa de la vida... el ir descubriéndola por ti mismo, poco a poco, a medida que pasan los años, sin guión, sin elección, sin que nada de lo previsto valga...
Es maravilloso descubrir su sabor a medida que se avanza, pero... también es difícil...
No saber para qué vales o no... no saber qué quieres... solo ir descubriendo que lo que parecía tu vocación no lo es... que lo que parecía fácil tampoco lo es y que... a tus 31 años, hoy en día... no tienes camino, ni vocación, ni puesto, ni oportunidades ...
Que debes empezar de cero, sin meta y sin camino buscando tu hueco en algún sitio que quizá, ya sabes, no sea para tí... pero dónde por lo menos... tengas lugar...
Mientras tanto, sigues caminando, de la mano de alguien y acompañado de otros, hacia algún lugar, disfrutando de todo lo demás, bebiendo tragos de vida y respirando montañas, viendo y valorando la importancia que cada cosa tiene y aprendiendo... que el trabajo es trabajo, pero lo que tienes al lado, cada día, es vida.
Que lo que realmente importa, es la persona que se acuesta cada noche a tu lado, la que siempre cree en tí, sin necesidad de ver ningún título, la que te hace capaz de todo, sin experiencia ni currículum.
Que lo que realmente importa, es la familia, que es el trabajo más gratificante y son los ojos que siempre te verán grande, que te harán las críticas constructivas que necesitas y no las destructivas, que te animarán a seguir tus sueños y a luchar por ellos, que te valorarán siempre, por cómo tú eres...
Te das cuenta, de que la vida no se elige, que quizá, no hayas encontrado tu camino, pero que día a día estás andando, por un sendero que se ha hecho a ti, con los tuyos... por una senda que día a día vas construyendo, junto a la gente que quieres...
Y sabes, que ahí es dónde quieres estar...
Lo que de verdad importa...
Y lo demás... ya llegará... antes o después, pero... lo importante... ya lo tienes.
Vive cada minuto saboreando la dulzura de tener cerca a la gente que quieres, porque eso... es lo que hace que cada día valga la pena, lo que llena la vida, tu vida... porque ellos... son la felicidad.
Lo demás... ya llegará!


Comentarios

Publicar un comentario