ODISEA EN EL AEROPUERTO
Es fácil viajar, tan solo consiste en tener tus billetes y tu dni o pasaporte, llegar al aeropuerto, embarcar y ya en el avión esperar encontrarte con el lugar esperado al que te diriges.
Es muy fácil. Pero no para mí...
Como ya os dije mi memoria se caracteriza por ser "memoria pez", cosa que suele dar bastantes problemas. Pero si a esto se le añade que un aura gafe suele sobrevolar mi cabeza, como en estos dibujos animados en los que el monigote tiene un nubarrón lloviéndole sobre la cabeza continuamente mientras el resto disfruta de un expléndido sol, entonces, es aun peor. Y en estos momentos la memoria pez es algo incluso positivo.
Así soy yo, estas son las cosas que me pasan a mí. Hechos que no suelen ocurrir a la gente corriente (siempre y cuando no esté tan cerca de mí que le llegue la influencia de la "gran nube-nubarrón".
Pues aqui va una de esas anécdotas de las que os hablo, de esas de las que en el momento quieres morirte de la rabia y chillas roja cual tomate a tu mala suerte, pero que hacen que tengas historias para contar por un tubo y que luego, a agua pasada, puedas hacer un caldo y reírte de ello.
Es fácil viajar, cuando no eres yo, cuando te dejas el nubarrón despistado en casa, aunque él es muy sabio y es en los casos en los que más te apetece perderlo de vista cuando se hace más patente que nunca.
Como soy pobre cual rata, me costó enormemente ahorrar para pagar el billete a Londres, medio billete mas bien, pues "el santo varón" que tengo al lado, le hemos bautizado ya así en mi familia tras este viaje, decidió regalarme la mitad con motivo de nuestro aniversario y ya que ibamos a ver a sus primos y teníamos casa, no ibamos a gastar mucho.
Así pues, me costaba casi lo mismo el viaje a Londres que irme un finde a Cullera (por decir algo).
Yo, no soy de las que están un mes antes organizandolo todo, de hecho soy bastante impulsiva y dejada, cosa que llevo en la sangre, es herencia genética, así que no hay mucho que hacer ...
En cambio "el santo varón" llevaba un mes con los planos de Londres, la ruta de llegada, de la estación a casa de su prima...TODO bien organizado y bien apuntadito.
Así, tras meses de larga espera llego el regalo soñado y toda nuestra ilusión se iba a ver pronto satisfecha.
Pedí salir de trabajar una hora antes, lo justo para que me recogieran y fueramos directos al aeropuerto.
Todo bajo control, maletas, billetes, pasaporte en fecha...
Todo listo para disfrutar de nuestra primera escapada del año y primera visita a sus primos tras años viviendo alli.
Como podreis imaginar el día fue un auténtico caos, entre trabajo y trabajo, maletas, dejar al perro con también "su maleta" en casa de mis padres que "amablemente" y "tras gran acogimiento por parte de mi padre" ( vease la ironía) aceptaron cuidarla, salir del trabajo y corriendo al aeropuerto...
Lio de tres pares de narices.
Pero, por fin, estabamos ya sentados, esperando embarcar.
Ya no cabían nervios ni prisas ni estres... solo espera, ganas e ilusión.
Llegó el momento de embarcar, y tras la cola típica en la que parecemos todos borregos, me tocó dar el pasaporte para entrar.
Y descubrí de pronto mi gran nubarrón, ahí arriba, sobre mi cabeza, riéndose burlón.
Las palabras del pipiolo que tenían como policía comprobando los pasaportes se me clavaron como un puñal.
En un principio todo parecía broma y nada de cierto veía en aquella broma pesada que el sonriente policía me lanzaba a la par que me decía: Este pasaporte está en mal estado, así no puedes viajar.
¿Perdóooooooooon? En mal estado te voy a dejar a ti esa sonrisita- fué lo que mi cabeza pensó
y - ¿Cómo? eso es verdad? fue lo que salió de mi boca. Acompañado, por supuesto, de miles y miles de sapos y culebras invisibles que en mi mente se tragaban al policia de un bocado.
Tras varias negociaciones en una única dirección, en la que intentaba como fuera que me dejaran pasar, ( igual si fuera una de esas chicas pechugonas y despampanantes lo habría conseguido) mientras la cola iba pasandome, mirandome con cara de pena o de la más buscada terrorista del planeta.
Llegó el momento de asumir la realidad: no iba a subir a aquel avión, no por llevar droga en mis tripas, ni ácido en una botella de agua, ni explosivo en algún lugar recóndito de mi ser, sino porque el maldito pasaporte " no estaba en coindiciones".
El nubarrón a estas alturas echaba churrascos, pero de pronto, cuando me giré y ví a 100 metros al "santo varón" echando espuma por la boca y mirándome con ojos asesinos y más rojo que los guiris tras un día de playa en agosto, lo que empezó a caer sobre mi cabeza eran bolas de granizo más grandes que una pelota de futbol.
Bajé la mirada al suelo, sabiéndo y entendiendo a la perfección lo que mi mala suerte y quizá un poco también mi aura, habían provocado y sabiendo que " el santo varón", con razón, esto no lo perdonaba.
Fueron segundos, en los que mi mente utilizó todo su potencial intentando dar con la solución que me permitiera si ya no volar a Londres, por lo menos, intentar rebajar el monumental cabreo que con razón se apoderaba de él.
Así pues, tras hablar con los "comprensivos y amables" encargados de nuestro vuelo, y comprender así que ni por asomo nos iban a cambiar los billetes perdidos, llegue a la conclusión que provocaría mi ya ruina total: compraría los nuevos billetes para viajar al día siguiente tras haberme sacado el pasaporte nuevo.
El silencio sepulcral del "santo varón" potenciaba mis nervios y mi ansiedad por resolver aquel lío en el que me veía inmersa.
Dicho y hecho, llegamos a casa y tras llorar lagrimas de cocodrilo, no por falsas, sino por grandes,comuniqué mi veredicto final pese a la negativa de mi ya menos roja pareja que se había ablandado un poco y no quería ver como acababa por arruinarme del todo.
A pesar de los pesares, la decisión estaba tomada: nos levantaríamos a las 6, iríamos a sacar mi nuevo pasaporte y dni, compraría los billetes y nos iríamos a Londres. SI O SI
No tan claro lo ví cuando después de todos los nervios del día anterior sonaba el despertador a las 6 de la mañana, anunciando la hora de la batalla final.
Con los pelos de loca y los ojos medio cerrados, salimos hacia la jefatura mágica que iba a contribuir a arreglar aquella odisea.
Tras dos horas de cola, con disputas propias de gente que lleva desde las 6 de la mañana haciendo cola por conseguir un número con el que tener turno para obtener el pasaporte, he de decir que parecía la carnicería y que más que una renovación de pasaporte parecía que estuviera haciendo cola para conseguir los papeles a un mundo mejor, porque es más fácil conseguir una cita con el rey que conseguir que te hagan el pasaporte en esa jefatura, me dieron cita para las 12. Teniendo en cuenta que eran las 8 de la mañana y que el avión salía a las12.30, no era muy buena noticia...
Parecía cada vez más difícil conseguir volar, pero no iba a desistir en el intento... Todo una vida con esa "carga" sobre los hombros era demasiado...
Decidida en mi lucha por conseguir llegar a Londres, cualquiera pensaría que quería irme a las Antípodas, visto lo que me estaba costando salir de España, nos dirigimos a la siguiente jefatura, donde el pescado aun no se había vendido y la cola ( bastante más reducida que la que acabábamos de hacer) esperaba ansiosa el reparto de los "ya tan conocidos y mundialmente deseados" turnos del pasaporte.
El reloj jugaba en mi contra pero una pequeña esperanza se abría paso ante mí al ver lo rápido que esta cola avanzaba, parecía posible descargar mi cruz y reducir un poco la corona del " santo varón" si esque realmente conseguía enmendar mi desastre.
Tras prisas, nervios, maletas, correr de un lado para otro, comprar los billetes a dos horas de salir el avión y vuelta a correr camino del aeropuerto, con mi nuevo y deslumbrante recién salido del horno pasaporte y dni (estuve a punto de pedir que me hicieran dos de cada, pues visto mi historial, quizá fuera necesario, pero evite la humillación, ya había tenido suficiente en las ultimas 16 horas) allí estábamos, de nuevo, a las puertas del aeropuerto que 17 horas antes me había cerrado sus puertas en las narices como si fuera la terrorista más buscada de España y el extranjero.
Lo bueno, es que ya era mundialmente conocida en el aeropuerto y azafatas, acomodadores y policias se acordaban de mi como "la del pasaporte".
Lo malo, que el viaje de regalo a Londres acabo costando lo mismo que un viaje al Caribe.
Esta historia no acaba aqui, puesto que sin yo saberlo, aún no había terminado con los sustos, el nubarrón oscuro seguía rondándome por encima, amenazando tormenta, aun nos quedaba odisea en el aeropuerto, pero esa es otra historia que continuaré en el próximo post.
Por hoy, me despido, dando gracias al "santo varón" por su gran paciencia y por haber mantenido su rabia (aunque no pasara desapercibida) en silencio.
Ay Belencita!! Cómo me gusta leerte!! Teniendo en cuenta que no soy de las que tiene Facebook ni nada de eso, te podrás imaginar que es la primera vez que escribo en un blog de estos... Vamos que ni en el de la Thermomix o el iPhone tras el andaluz accidente... La primera vez que escribo en un blog y ya soy tu mayor admiradora!!!
ResponderEliminarEscribe algo mujer que tantos días sin noticias... Me encanta leerte!! Lo había dicho antes, no??
no te puedo querer mas!!! graaacias susita!!! :)
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