Hay gente que nace con un pan bajo el brazo... Yo nací con una cebolla.
Supongo que es de ahí de dónde viene mi lágrima fácil, o genético, no sé, porque mi madre es exactamente igual.
También he de decir que va a temporadas y que no hace falta una catástrofe mundial para despertar mi llanto en esos delicados momentos en los que incluso la imágen de un mosquito chafado puede hacerme llorar, entiendase que odio los mosquitos, supongo que como la mayoría de la humanidad, sobretodo por la noche, cuando teniendo como tienen toda la casa para ellos solos donde volar libremente e incluso posarse en algun que otro alimento perecedero que espera "in eternum" que o bien me lo coma o bien lo tire...
Pues no, ellos ahí, a tu oreja, bien pegaditos con un zumbido ensordecedor en el "absoluto" silencio de la noche sin dejarte dormir pensando que o te pica o se te mete en la oreja ( personalmente prefiero que me pique). Digo "absoluto" silencio de la noche, porque en mi casita, nada es absoluto excepto el calor ( bueno en invierno, el frío, ya os conté).
 Si ya es difícil dormir en el horno, de donde salen llamas invisibles que ya en Junio abrasan pese al ventilador y a la ausencia total de sábanas, os podeis imaginar en Agosto..., aun lo hacen más complicado los mosquitos "orejeros" q no te abandonan en ningun momento de la noche, y por supuesto los ronquidos tremebundos de mi dulce y angelical perrita.
Ronca como un auténtico cerdo o como un camionero (con todos mis respetos, es algo que se dice, yo no conozco a ninguno) también podría poner o como mi abuela, pero si me lee, quizá no le haga mucha gracia...
En fin, son ronquidos de los que dan miedo incluso, lo bueno es que parece que tenga una bestia enorme durmiendo conmigo, cosa que espero y supongo que si alguna vez estoy en riesgo de ser atracada, eso les frene. Si no fuera así, tengo como segunda opción, un maravilloso plan de ataque, con spray para los ojos y todo.
He trazado a lo largo de mi vida varios planes de éstos, puesto que soy bastante miedosa y siempre creo que va a venir ya no un ladrón,que ahí solo debo cerrar los ojos y esperar a que tras haberme robado lo poco que tengo, se vaya; si no, mas bien, un asesino en toda regla que quiera descuartizarme.
No hay más, si entran, seguro que es para matarme, así que el plan de hacerme la dormida, sudando bajo las sábanas no cuela, y tenía que elaborar un plan más sofisticado que me permitiera huir.
Sin la perra, mi primer plan de escapar por la ventana ( ojo! al deslunado) tenía mas sentido, pero con mi nueva acompañante se hace un poco cuesta arriba el escale, salto y probablemente el guarrazo contra el suelo, teniendo en cuenta que tengo una única mano libre ya que con la otra llevo a "mi compañera", y añadiéndo los nervios de ser perseguida por un asesino en serie, lo de la ventana, quedaba lejos de mi alcance.
Otro plan fue el del spray-patada- tirarle la perra a la cara y salir por patas, pero obviamente la perrita ahí saldría perjudicada y quien sabe si tras la lanzadera querría seguirme en la huida o preferiría quedarse con el asesino.
Otro plan descartado.
El último que me quedaba, es el que probablemente sea el que utilice si algo me ocurre, así que no desvelaré mi secreto, no vaya a ser que el asesino me este leyendo, que si lo esta haciendo sería muy de agradecer por mi parte que por favor no intentara matarme. Gracias

Bueno, como decía al principio, nací con una cebolla bajo el brazo, y como también he mencionado ya, esto también le ocurrió a mi madre, así que a parte de que en mi casa, se coma mucha cebolla, sobretodo en tortilla que hace mi padre frecuentemente ( pasó de las paellas a las tortillas, luego me dicen a mi que cada temporada me da por comer una cosa: guisantes, palitos de cangrejo, cereales... y que entonces como eso a todas horas),supongo que a mis hermanos no les gusta tanto la cebolla porque nacieron sin una bajo el brazo.
Pues a parte de esto, mi madre y yo somos unas lloronas "profesionales" y no es que estemos siempre tristes ni mucho menos, de hecho somos muy alegres y risueñas, pero cuando nos da la vena, lloramos cataratas y nadie sabe como cerrar el grifo.
Hasta tal punto llega, que incluso hay un momento en que me da la risa y mientras lloro, me rio. Mi amiga Carmensin, con la que me suelo reir bastante, dice que soy la única persona que conoce capaz de reirme y llorar a la vez...
Una vez, salimos del cine mi madre y yo, de ver la película "Billy Elliot" ,pues bien, si nos hubiéramos perdido de vuelta a casa, podrían habernos encontrado fácilmente, siguiendo el río que formamos con nuestras lágrimas.
Cuando una paraba, como la otra seguía, nos mirábamos y otra vez ¡¡¡¡buaaaaa!!!!Impresionante.
Y así, desde el cine hasta casa... menos mal que nadie moría al final, si no, probablemente mi madre y yo también lo hubieramos hecho, pero deshidratadas.
Otro día decidimos ir toda la familia junta al cine a ver una comedia y pasar un buen rato, y mi hermano pequeño se encargó de elegir la peli que nos amenizaría a todos el Domingo, hace ya años de esto y lo recuerdo como si hubiera sido ayer.
Nos sentamos en fila los 5, contentos y con ansias de risa.
 Minuto uno de la película mi madre y yo ya llorábamos, pero es que al minuto 5 mi hermano estaba sonándose... no sé si es que también ellos olieron nuestra cebolla o es que realmente era la película más triste del mundo entero. Sólo sé, que salimos los cinco con los ojos rojos y que algunos seguimos llorando hasta llegar a casa.
Un éxito la comedia oye, todos llorando como magdalenas, tal sofoco agarramos los 5 que sólo podíamos decirle entre sollozos a mi hermano: ¿¿De risa?? ¿¿¿Qué tiene esto de gracioso????
La gracia vendría después, al recordar nuestra velada en el cine, los cinco unidos por lágrimas y sollozos.
Aun recuerdo a mi hermano pequeño cuando me giré pensando que el alma se me salía por los ojos y lo ví, aguantando la compostura, casi ni respiraba, yo creo que porque sabía que con el aire se saldrían las lágrimas que estaba reteniendo desde el principio de la pelicula, cuando salieron las mías, con los ojos rojos y brillantes diciéndome: ay... pues no es comedia no...
Como digo, suele ser por épocas, mas bien, por hormonas diría yo, porque cuando se acercan esos días mágicos en los que segun los anuncios andas entre nubes, tu realidad se transforma en un campo de girasoles y estas tan radiante y espectacular como Patricia Conde, cuando se acercan esos días, yo, sin embargo, me inflo como si me hubieran hinchado como un bombín, me encuentro fatal y se abre el grifo del llanto, mi cebolla particular.
Ese es mi campo de girasoles, maravilloso, como en los anuncios.
Y es en estos días cuando más se pronuncia nuestra faceta llorona-sensible llegando a límites insospechados, este mes, esta cebolla mía bajo el brazo me ocasionó dos momentos embarazosos:
Uno fue en la esteticien, cuando mi amada ya amiga-arranca pelos empezó a decirme unas cosas ( es poco discreta, pero muy buena gente) que me dolieron un poco y removieron polvo de una situación difícil que estaba viviendo.
Ella solo conoce mi versión risueña, pero claro, no la llorona, así que cuando empecé a llorar desconsoladamente, moqueando cual niño de 3 años, se quedó blanca como la cal y empezó a consolarme.
No quiso cobrarme, así que mi llanto ese día me ganó unas cejas gratis y a ella un disgusto.
Otro día estaba yo trabajando y un buen hombre vendedor de másters de finanzas o no se yo qué...me intentan vender tantas cosas al día que al final se me olvida, empezó a hablarme de mi futuro y cosas similares, también poco apropiadas para la época que vivimos y para "mis días de cebolla" ,fui aguantando el tirón, intentando cortarle y que se fuera, viéndo que se avecinaba la apertura de un grifo, y de los gordos, pero él siguió urgando en la llaga, todo serio y trajeado, hasta que salió mi preocupación por mis padres.
Abró el grifo que estaba aguantando el agua y salió a presión, dándole en toda la cara a aquel hombre serio, elegante y mayor que podría ser mi padre y al que le lloré desconsoladamente.
No sabía que hacer, creo que deseaba irse de aquel mar de lágrimas cuanto antes y probablemente, si me hubiera despistado un segundo hubiera puesto pies en polvorosa, pero me había tragado yo su rollo y su dedo en la llaga, pues ahora se iba a tragar él mis lágrimas.
Parecía que fuera a darme una piruleta como a un niño pequeño, pero bueno, dejó de hablar y mis lágrimas me ganaron el silencio de aquel hombre trajeado que quería venderme la cueva de las mil maravillas.


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