La vida siempre te sorprende...
A veces te da tu dosis de dulzura, otras te da dosis de limón.
Dosis amargas, de esas que cuestan digerir, que no sabes si tragarla de golpe, o intentarlo poco a poco a ver si así lo notas menos...
Pero ahí está, esperando su turno, la dosis de amargura, la que hace que de pronto, todo lo demás pase desapercibido, la que te hace olvidar alegrías, la que hace que olvides las cosas buenas o incluso las rutinarias...
Todos tenemos una dosis amarga que tragar, y en un momento u otro, la vida te la trae, de un día para otro y tienes que tragarla como sea, porque te corresponde, por que es la dosis que te toca a ti... la que lleva tu nombre.
Hace poco más de dos meses, detectaron a mi padre un cáncer de pulmón. Así, de repente, de la noche a la mañana.
Ahí estaría yo más o menos de 3 meses. Mi primer embarazo, la alegría de la casa...
Saboreando el sentir que la vida se abre camino dentro de tí, el milagro que sólo puedes llegar a entender cuando lo sientes, la alegría que hace que todo lo demás deje de importar...
Tu bebé...tu momento dulce, tu gran regalo, tu felicidad absoluta
Pero... la vida sabe que no puedes sólo vivir de dulces, que tu mundo no puede ser sólo algodón de azúcar... y viene a recordarte que eso no es así. Que cómo tu ya pensabas, no todo puede ser tan bonito, ni puedes ser tan afortunada ni feliz... y entonces, te da tu dosis de limón.
Un instante, un segundo, un minuto... y nunca volverás a ser la misma.
Y tu dulzura, tu algodón de azúcar, tu dosis de alegría se pierde un poco en el camino... lo olvidas... pues el sabor amargo siempre es más fuerte que el dulce.
Y te preguntas sobre la ironía de la vida, te preguntas... porqué te obliga a juntar esos dos momentos, porqué te hace vivir lo mejor y lo peor de tu vida a la vez...
Es algo que al principio no entenderás, y quizá, tampoco querrás entenderlo... la oscuridad apaga toda la luz que llenaba hasta ahora tu ventana, dejándote a oscuras, no pudiendo entender, no pudiendo ver, no puedes encontrar esa luz que brillaba dentro de tí.
Y algo, no sabes qué, se rompe en pedazos dentro de tí.
Quizá vuelvas a sonreír, o quizá no, o quizá si, pero no de la misma manera.
Te preguntas entonces porqué ahora, porque ese pedacito de cielo te llega ahora, cuando las tinieblas no van a dejarte conocerlo, cuando la oscuridad no podrá dejarte verlo...
Y tu momento dulce, empieza a transformarse en amargo... pues la amargura es un sabor que abarca, que arrastra, que absorbe todo lo demás.
Y vives así un tiempo, sin saber. sin entender...
hasta que llega un día, en el que te das cuenta, de que no es el peor momento, sino el mejor... el mejor para que venga... porque es el ángel que os va a salvar, es la fuerza que necesitáis y vais a necesitar, es la vida, que lucha contra la muerte, contra su muerte... es quien nos va a recordar que la ilusión sigue existiendo, aunque no la veamos, es quién nos va a hacer sonreír cuando creemos que ya nunca será posible, es quien viene a rescatarnos, a salvarnos de nuestra dosis de limón.
Es nuestro angel, mi angel...
A veces te da tu dosis de dulzura, otras te da dosis de limón.
Dosis amargas, de esas que cuestan digerir, que no sabes si tragarla de golpe, o intentarlo poco a poco a ver si así lo notas menos...
Pero ahí está, esperando su turno, la dosis de amargura, la que hace que de pronto, todo lo demás pase desapercibido, la que te hace olvidar alegrías, la que hace que olvides las cosas buenas o incluso las rutinarias...
Todos tenemos una dosis amarga que tragar, y en un momento u otro, la vida te la trae, de un día para otro y tienes que tragarla como sea, porque te corresponde, por que es la dosis que te toca a ti... la que lleva tu nombre.
Hace poco más de dos meses, detectaron a mi padre un cáncer de pulmón. Así, de repente, de la noche a la mañana.
Ahí estaría yo más o menos de 3 meses. Mi primer embarazo, la alegría de la casa...
Saboreando el sentir que la vida se abre camino dentro de tí, el milagro que sólo puedes llegar a entender cuando lo sientes, la alegría que hace que todo lo demás deje de importar...
Tu bebé...tu momento dulce, tu gran regalo, tu felicidad absoluta
Pero... la vida sabe que no puedes sólo vivir de dulces, que tu mundo no puede ser sólo algodón de azúcar... y viene a recordarte que eso no es así. Que cómo tu ya pensabas, no todo puede ser tan bonito, ni puedes ser tan afortunada ni feliz... y entonces, te da tu dosis de limón.
Un instante, un segundo, un minuto... y nunca volverás a ser la misma.
Y tu dulzura, tu algodón de azúcar, tu dosis de alegría se pierde un poco en el camino... lo olvidas... pues el sabor amargo siempre es más fuerte que el dulce.
Y te preguntas sobre la ironía de la vida, te preguntas... porqué te obliga a juntar esos dos momentos, porqué te hace vivir lo mejor y lo peor de tu vida a la vez...
Es algo que al principio no entenderás, y quizá, tampoco querrás entenderlo... la oscuridad apaga toda la luz que llenaba hasta ahora tu ventana, dejándote a oscuras, no pudiendo entender, no pudiendo ver, no puedes encontrar esa luz que brillaba dentro de tí.
Y algo, no sabes qué, se rompe en pedazos dentro de tí.
Quizá vuelvas a sonreír, o quizá no, o quizá si, pero no de la misma manera.
Te preguntas entonces porqué ahora, porque ese pedacito de cielo te llega ahora, cuando las tinieblas no van a dejarte conocerlo, cuando la oscuridad no podrá dejarte verlo...
Y tu momento dulce, empieza a transformarse en amargo... pues la amargura es un sabor que abarca, que arrastra, que absorbe todo lo demás.
Y vives así un tiempo, sin saber. sin entender...
hasta que llega un día, en el que te das cuenta, de que no es el peor momento, sino el mejor... el mejor para que venga... porque es el ángel que os va a salvar, es la fuerza que necesitáis y vais a necesitar, es la vida, que lucha contra la muerte, contra su muerte... es quien nos va a recordar que la ilusión sigue existiendo, aunque no la veamos, es quién nos va a hacer sonreír cuando creemos que ya nunca será posible, es quien viene a rescatarnos, a salvarnos de nuestra dosis de limón.
Es nuestro angel, mi angel...
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